«Aplicamos la metodología P-I-M a cada proyecto y es infalible: primero lo prioritario, luego lo imposible y, finalmente, los milagros»

Ormobook es la empresa de Grupo Ormo especializada en la creación de contenidos didácticos, editoriales, institucionales y corporativos, adaptados a cualquier formato y necesidad.

Hoy hablamos con José Francisco Vílchez, el director de Ormobook, para conocer su trayectoria, cómo es liderar un equipo multidisciplinar, y cómo afronta la empresa los cambios y retos del sector editorial.

¿Cómo ha sido tu trayectoria profesional hasta llegar a la dirección de Ormobook?

Ha sido una trayectoria curiosa en el sentido de que cada vez estaba más alejada de mi formación académica y vocación. Desde hace muchos años me he dedicado a la gestión de proyectos, fueran analógicos o digitales, y a la dirección y coordinación de equipos. Mi primera etapa de desempeño profesional fue como docente (mi vocación) en un centro escolar privado, pero, al cabo de poco tiempo, entré a formar parte de un grupo editorial educativo líder, Edebé. Empecé como redactor y, en una última larga etapa, acabé asumiendo una de las direcciones de producción digital y la gestión del sistema de producción editorial.  Luego trabajé para la competencia un breve período, en dos grandes grupos, Baula (Edelvives) y AulaPlaneta, hasta que surgió la oportunidad de formar parte del Grupo Ormo, al que me unían lazos profesionales y personales desde mi etapa en Edebé.

Para quien no conozca Ormobook, ¿cómo definirías hoy la empresa y cuál es su principal valor diferencial?

En este momento somos como un radar. Por iniciativa de la dirección y estrategia, por diversificación empresarial y por equipo e inquietudes personales, Ormobook, dentro del grupo, está atento y pendiente de todos los ámbitos en los que puede, por trayectoria y experiencia, por capacidad de aprendizaje e innovación, apostar por nuevas líneas de servicios o productos y contribuir a diseñar soluciones o crear contenidos para nuestros clientes actuales o futuros. A mí me parece que nuestro valor diferencial es nuestra capacidad como equipo de involucrarnos en las necesidades del cliente, las relaciones que establecemos y la confianza que podemos generar. Nos convertimos en una extensión de su equipo u organización. Hay que tener en cuenta que muchos proyectos tienen duraciones de meses y años y se acaban creando fuertes vínculos con las personas que están al otro lado. En la medida de lo posible, intentamos crear ese vínculo de confianza porque está en nuestro ADN.

¿Cómo es tu día a día al frente de Ormobook? ¿Qué parte de tu trabajo disfrutas más?

Para la primera pregunta se me ocurren muchos adjetivos (y también exabruptos) que pueden variar a lo largo de un mismo día. Gestionamos decenas de proyectos simultáneos, consultas que precisan de una respuesta inmediata la mayoría de las veces, marrones y pollos de todo tipo; en fin, nada que nadie del Grupo no sepa y que no se encuentre en su propio día a día. Lo que se pretende es que, al final del día, todos los temas estén en curso de solución, bajo control, respondidos, gestionados o lo que les corresponda en cada caso. Creo que todos nosotros lo podríamos suscribir y trasladar a nuestras respectivas parcelas de responsabilidad. Pero con lo que más disfruto, o me siento recompensado, es con poder ayudar a quienes necesitan en ocasiones de criterios, toma de decisiones, opinión, ayuda o apoyo en la gestión y poder aportar soluciones o alternativas si se requiere. Apoyar y resolver son dos elementos que definen ese día a día. En eso consiste una parte importante del trabajo. Dentro y fuera. Luego está, sobre todo, tratar con los compañeros, porque al final, aunque coordines equipos y procesos, somos personas que necesitamos de contacto y comunicación. Y si ese contacto, a pesar del estrés del trabajo, lo llevas con humor, pues al final juntos somos más fuertes ante las dificultades y la presión.

Lideras un equipo que combina profesionales con más de veinte años en la empresa y jóvenes que acaban de iniciar su carrera. ¿Cómo es gestionar una plantilla tan diversa en experiencia, y qué crees que aporta cada uno a la empresa?

Pues es fácil de gestionar. Al final, se trata de sumar de todos nosotros las diferentes capacidades y experiencias de cada uno, en beneficio del equipo. Quizás las personas más jóvenes cuando se incorporaron no conocían aquello que antes se llamaba “el oficio”, y vienen con otra experiencia y formación, pero como somos una especie de tribu, al final entre generaciones y personas se establece una transferencia de conocimientos en todas las direcciones. En Book, tenemos personas con diversas competencias y conocimientos técnicos, maneras de hacer, de gestionar o llevar el control y, al final, quienes participan de un proyecto, buscan, por consenso, la mejor manera de abordarlo. Por otro lado, mi papel (y el de los que llevan años) es el de apoyar y, si es necesario, formar, aunque en mi caso, sin perder de vista el liderazgo del grupo y la dirección. También hay que escuchar y dejarse aconsejar por las personas más jóvenes, porque aportan otras perspectivas o puntos de vista, y porque con la reflexión mutua te hacen reconsiderar procesos o tareas. También he procurado que cada persona, hablando de las más jóvenes, desarrolle su parcela de autonomía, para gestionar, para tomar decisiones, incluso para equivocarse. Es la forma de aprender, de adquirir experiencia y responsabilidad.

Además, la empresa también cuenta con perfiles muy distintos, desde editores y project managers hasta maquetadores. ¿Cómo se coordina el trabajo entre departamentos para que cada proyecto salga adelante con la máxima calidad?

Digamos que, una vez analizados los proyectos, asignadas tareas, flujos y calendarios, estableciendo y consensuando las mismas y las responsabilidades asociadas, los trabajos fluyen y la gestión y coordinación no es en este sentido complicada. La complejidad viene dada porque son muchos los proyectos simultáneos, a veces muy distintos, que requieren de un seguimiento muy atento y de una gestión diaria para ir encajando los trabajos en los calendarios previstos y poder hacer los controles de calidad necesarios. Es fundamentalmente un problema de tiempos. Para ello, aplicamos la metodología P-I-M a cada proyecto y es infalible. Primero lo prioritario, luego lo imposible y, finalmente, los milagros. Y nos reímos mucho. Hay una frase que creo todos conocemos: ¡Esto es muerte! Este es nuestro espíritu de superación.

El sector editorial ha cambiado mucho en los últimos años. ¿Cuáles dirías que han sido las transformaciones más importantes que ha vivido Ormobook recientemente?

El equipo de Book no ha tenido otra alternativa que seguir la línea que cada cliente nos ha trazado, procurando aportar creatividad en los trabajos. Pero ojo, entendiendo de forma amplia este concepto, ya que puede abarcar desde investigar algo que nunca habíamos hecho, para lo que había que demostrar conocimientos y know-how en un tiempo récord, o gestionar la simultaneidad de proyectos en fechas coincidentes. Cambios significativos han sido, en el ámbito técnico, dar un paso en el conocimiento de cómo hacer materiales accesibles, la maquetación multiformato con etiquetado XML, Genially, sites WordPress o la administración y mantenimiento, para una editorial, de su sistema de producción.

¿Qué supone crear contenidos didácticos hoy en día, en un contexto donde los formatos y las formas de aprendizaje están cambiando constantemente?

De alguna forma, estos cambios, quizás no tan constantes como pueda parecer, ya que desde hace años existen y coexisten metodologías diversas, no nos afectan más que como ejecutores de quienes, como es el caso de las editoriales de materiales educativos, establecen las líneas pedagógicas de los productos. No tenemos, por suerte, esa responsabilidad dentro del contexto educativo. Es decir, no diseñamos la pedagogía, solamente la asumimos y creamos lo que el cliente nos pide, aportando conocimiento y creatividad y recursos humanos y productivos. Las editoriales de texto sí la tienen, aunque su futuro empresarial depende de factores demográficos, políticos y económicos antes de que los retos propiamente educativos. En Book, aportamos nuestro granito de arena a los proyectos gracias a las personas del equipo que tienen experiencia en este sector editorial, los materiales, las metodologías y los currículos en concreto, y por nuestra capacidad de sumar colaboradores con perfil contrastado en este ámbito.

¿Qué papel juega la creatividad dentro de una empresa especializada en contenidos técnicos, educativos e institucionales?

La tipología de clientes que tenemos, apenas requiere de trabajos basados en creatividad asociada tradicionalmente al diseño o las propuestas gráficas. Y si lo requieren no es una creatividad visible en primera instancia. Esa creatividad está digamos en otra capa del pensamiento. Es decir, crear contenido educativo, con sus retos, actividades y conceptualizaciones ya es una tarea creativa, intelectual y relevante. Decidir qué contenidos, o la aparentemente simple tarea de redactar textos, cuando se nos requiere, también es un reto. Y creatividad también la tienen los colaboradores y colaboradoras que redactan novelas,  o cuando se decide como aplicar a un texto un tratamiento didáctico para el que pueden haber muchas opciones o aplicar diferentes opciones de maquetación a partir de un texto en bruto con una lista de imágenes.

Ormobook trabaja adaptando contenidos a cualquier formato. ¿Cómo ha evolucionado esa capacidad de adaptación con la digitalización del sector?

No hay opción. En esto somos lamarckianos y darwinistas. Te adaptas y evolucionas o no hay nada que hacer. El sector se ha transformado, sí, a formatos de difusión y lectura o uso y a softwares de producción muy especializados, y lo ha hecho a diferentes velocidades y con diferente impacto, como decía antes. Es obvio que las publicaciones digitales se seguirán haciendo, pero al mismo tiempo, el papel impreso sigue más que nunca vigente. Tenemos una capacidad importante para aprender y adaptarnos a nuevos retos tecnológicos (ya indicaba el ejemplo de saber dotar de accesibilidad a documentos PDF, la maquetación xml o los pdf interactivos para el Ministerio de Educación) y contamos con la ayuda de la inteligencia artificial, que la hemos integrado de forma habitual en muchos de los procesos de edición, maquetación o ilustración. Por poner un ejemplo. Las editoriales de libros educativos, cada una de ellas, tiene su propia plataforma de producción editorial, a las que debemos adaptarnos en flujos de trabajo y herramientas y formatos, tanto para el soporte papel como para sus recursos digitales. Esto de por sí ya es un reto para el equipo.

¿Cómo han evolucionado los proyectos y las necesidades de los clientes respecto a hace una década?

Las empresas, las instituciones, los clientes en general, de los diferentes mundos del sector editorial, por diferentes motivos, han incrementado sus necesidades de externalización y los componentes y procesos de cada una de esas necesidades. Ha habido un salto importante, dado que si en otras épocas se precisaba solamente la ayuda en la parte de la preimpresión (no quedan lejos las denominaciones de talleres antes que de servicios editoriales), en los últimos años muchos proyectos e incluso licitaciones engloban tareas de autoría o creación de contenido, edición en todos sus procesos, ilustración y diseño, corrección y traducción o desarrollo digital. La diversidad de materiales, formatos, tecnologías, el volumen o los calendarios, lleva a que muchos clientes se vean en la necesidad de contar con servicios editoriales externos y nuestro caso es el mejor ejemplo. Por trayectoria, experiencia y capacidad de gestión, ofrecemos una flexibilidad y una capacidad de redimensionamiento de recursos que no tienen la mayoría de nuestros clientes, por no decir ninguno.

La inteligencia artificial está marcando el presente y el futuro de muchos sectores. ¿Cómo habéis integrado la IA en Ormobook y qué oportunidades os está ofreciendo?

Son muchas las tareas que llevamos a cabo con ayuda y recalco este término de ayuda, y con diferente alcance, con la Inteligencia Artificial. Trabajamos especialmente en todas aquellas que, con su velocidad de procesamiento, base de conocimiento o tareas masivas, nos ahorran trabajos reiterativos, complejos por tiempo o dificultad técnica, o nos facilitan controles de calidad lingüística, conceptual o científica. Siempre como soporte y ayuda, usamos la IA en tareas de revisión de textos, traducción, maquetación digital, ilustración o audio. Habría también ejemplos vinculados a necesidades de gestión, como procesamiento de mails para trasladar la información a hojas de cálculo. Es una fuente de información y procesamiento inigualable, para contrastar datos, para llevar a cabo revisiones lingüísticas, para procesos masivos de formulación matemática, para cualquier cosa que se nos ocurra, pero precisa obligatoriamente de que haya un ser humano muy curioso y desconfiado a la vez detrás de cada prompt, para que con sentido común filtre, seleccione, contraste y traslade la información que se le pide al flujo, proceso o material que esté trabajando.

¿Qué retos crees que afrontará el sector editorial en los próximos años?

Es difícil hacer una predicción. Hablar del sector editorial es hablar de un abanico enorme de contextos o líneas de producto muy distintos entre sí, ya sea el educativo, el institucional o el puramente editorial, tanto el de ficción como el de no ficción. Quizás nunca se ha leído tanto como ahora, pero también de formas muy distintas. Ahora estamos ante un producto de consumo, más allá de su valor educativo o cultural. Pero también, las librerías gestionan más devoluciones que nunca, porque es imposible que el ritmo de novedades de todo tipo sea asimilado por el mercado de lectores. Y hace ya unos cuantos años, empresas tecnológicas, otras del sector editorial sobrevenidas y muchos gurús del mundillo predecían la casi total desaparición del libro en formato papel y su sustitución por libros y lectores digitales. Esto no ha ocurrido. Mientras, en paralelo, en el sector educativo, políticos, tecnológicas y pseudopedagogos defendían el beneficio que proporcionaban para los procesos de enseñanza-aprendizaje los recursos digitales y apostaban por ladifusión del conocimiento a través de ordenadores, móviles y tablets y todo tipo de programas que han ido mermando capacidades, memoria o pensamiento crítico. Y además, se contraponía el modelo digital al obsoleto aprendizaje con las metodologías tradicionales, ya que, sin demasiada visión crítica o tiempo para la discusión, resultaba ser más atractivo y motivador. A todo esto se sumaron los nuevos hábitos lectores de la vida digital. En fin, que ni se me pasa por la cabeza hacer una predicción. Por otro lado, a pesar del cierre de muchas librerías y la práctica totalidad de los quioscos, sigue habiendo reductos para la esperanza, pero cada vez menos. Yo solo espero que las bibliotecas no acaben siendo refugios climáticos.

Por último, este año Grupo Ormo celebra su 70 aniversario. ¿Qué significa para ti formar parte de una empresa con tanta trayectoria?

Esta es la pregunta más fácil de responder. Pues evidentemente orgullo y sentimiento de pertenencia a un proyecto empresarial y personal construido desde la ilusión y el esfuerzo continuo a lo largo de 70 años por varias generaciones (¡y ojo, que yo solo llevo 4 años!), pero al mismo tiempo y por ello, con una enorme responsabilidad.

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